Signos inequívocos indican su llegada.
En varias casas las plantas de ciruelas se han vestido de novias.
Al salir a la calle veo ojos de hombre saltando porque ha
crecido la piel en las pibas.
Papeles, hojas secas y polvo juegan a la calesita al costado de un
árbol, -El diablo salió por ahí- dicen las viejas en mi pueblo.
Las banderas aplauden y los sauces confundidos, pensando tal
vez, que es para ellos la ovación hacen grandes reverencias.
Un sombrero desafió a una gorra a ver quien llega primero hasta
la esquina, detrás sus dueños intentan ser obedecidos.
Otra piba, sin pensarlo y tal vez también sin saberlo juega a ser
Marilyn.
De pronto todo se calma, sólo un minuto y luego la ronda
vuelve a comenzar.
septiembre 05, 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
1 comentario:
Muy bonito texto querido amigo; Adoro la primavera y el tiempo estival...
Un fuerte abrazo.
Publicar un comentario