diciembre 27, 2006

VIENTO


Era el viento.

Era el ulular del viento.

Era el polvo.

Era la tierra volando por doquier.

Los hombres salían con pañuelos tapando su boca y nariz, y el sombrero

atado, con túnicas, pero aunque fuera poco el tiempo que salieran al volver

y sacarse la ropa se formaban montoncitos de polvo que eran mayores si

estaban todo el día afuera, trabajando.

Las mujeres refunfuñaban, barrían una habitación, limpiaban los muebles,

pasaban a otra habitación y al terminar con ésta debían comenzar con la

primera nuevamente.

Los juguetes de los niños quedaban enterrados si nadie los levantaba por la

noches y nunca más se sabía de ellos.

Era la lucha del hombre contra la naturaleza.

Un día, cansado, un hijo se fue, al otro día otro se sumó. Después murió un

anciano.

Más tarde una familia completa emprendió la retirada. De a poco se fueron

yendo o muriendo todos, hasta que al final no quedó nadie, sólo el pueblo,

un pueblo fantasma.

Cinco años después, uno de los hijos regresó en busca de su padre, pero

nada encontró. Nada había.

Nada más que viento.

Nada más que el ulular del viento.

Nada más que polvo.

Nada más que montañas de polvo y tierra.

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